Normalidad híbrida

Representación de una Interfaz humano-maquina, conformada por IA
Interfaz humano-maquina | Imagen: Stable Diffusion V1.5

El desarrollo de las máquinas ha supuesto muchos avances de forma simultánea, en diferentes áreas y campos de investigación, todos ellos orientados al mejoramiento de interfaces y a facilitar la interacción humano-máquina. Los frutos de cada una de las parcelas de investigación se evidencian con el perfeccionamiento de las habilidades de los robots, sus interfaces -cada vez menos advertidas- de forma vertiginosa van conformando una normalidad híbrida, en la cual las máquinas tienden a la humanización, mientras los humanos se convierten en engranajes de un sistema productivo industrial.

Aunque no está planteado de forma explícita, la ciencia y la tecnología, intentan que las interfaces se asemejen a estructuras orgánicas vivas, pensantes. Cada vez es más frecuente ver cómo los androides ganan habilidad para ejecutar actividades cotidianas, mientras la web se nutre de imágenes de mundos que apenas atisbamos; en estos últimos tiempos existe la posibilidad de platicar con entes no humanos, cuyos algoritmos pueden llevarnos a pensar que las máquinas están tomado conciencia de sí.

Casi todas las novedades tecnológicas que aparecen en los mass media tienen de forma subyacente el global data y la inteligencia artificial. La gran cantidad de información que Internet ha ido recogiendo de sus usuarios, prácticamente desde sus inicios, a mediados de los 90 del siglo pasado, ahora se pueden amalgamar -con inteligencia artificial- y ello ha permitido la creación de una gran cantidad de dispositivos físicos y lógicos (hardware y software), con capacidades que hasta hace poco eran de ficción.

Ahora las máquinas pueden aprender

Normalidad híbrida, representada por la IA
Normalidad híbrida | Imagen: Stable Diffusion v1.5

Es probable que la afirmación anterior sea una exageración, no obstante hemos llegado a un punto del desarrollo tecnológico en el que, en base a los datos suministrados por sus diseñadores, las máquinas inteligentes pueden simular el comportamiento humano en actividades concretas; y aunque la simulación de las máquinas no responda a un aprendizaje como tal, conviene resaltar que su programación puede ser el punto de partida para que futuras invenciones permitan que las máquinas sean conscientes de su aprendizaje.

La inteligencia artificial está íntimamente relacionada con la capacidad de aprendizaje de las máquinas, y conforme el rumbo que tomen estas relaciones, es posible proyectar cambios cognitivos, conductuales y actitudinales entre los humanos y su contexto; desde las formas simples de conocimiento del entorno, hasta las relaciones afectivas profundas, todos los nexos humanos y humano-máquina se verán afectadas.

Para que los seres humanos empaticen, conviene que éstos realicen una representación e  interpretación fidedigna de su entorno, que disciernan sus posibilidades y que construyan un relato propio, empero los seres humanos ya no son los únicos con esta capacidad, al parecer, gracias a la inteligencia artificial las máquinas están a un paso de contar su historia. 

Los humanos hemos conformado nuestra capacidad dialógica con base a las representaciones que hacemos del mundo, ahora en medio del aprendizaje automático y la inteligencia artificial, conviene reflexionar en las representaciones e interpretaciones que las máquinas hacen y abrir el diálogo no como una posibilidad, sino como una cuestión que no debemos aplazar. 

Más contenido